
La desesperación de llegar a algún lado convocó a este grupo de masas a descontrolarse. Los gusanos no tienden a quedarse quietos, a quedarse en silencio. Les gusta bailar en su danza y siempre andan creando actividades para escaparle a su interior.
Ayer viaje como vaca yendo a un matadero. Nada más que las vacas viajan quietas y en silencio, los humanos no, les gusta hacer barullo. Siempre que subo a los colectivos me pregunto a donde me llevará. Es un viaje incierto. O quedo atorado entre tantos cuerpos o el mismo colectivero causa un accidente y nos elimina en un segundo a todos.
Llegue a deducir que la mejor mala palabra para insultar a alguien es decir: “Sos un humano” ya que abarca todas las malas palabras que conocemos. Pero decir que sos un humano es lo más exacto para insultar. Se ahorran palabras.
Dios bien que te lavaste las manos y nos dejaste todo este circo.
El anciano recién acaba de llegar.
Me trajo de regalo a la poderosa araña. La madre de la paciencia. La que teje y espera a su presa en su tela de seda. Maneja el silencio como ley en su vida. Cautelosa y majestuosa caza a mosquita que vuele por su trampa. Quizás también les enseñe a no equivocarse al volar.
Siempre me anda dejando enseñanzas este anciano. Me comento que en su vida la paciencia ocupo la mayor parte de su suerte. Sin forzar a la vida las cosas vienen solas y, solas, se apoderan de nosotros. Es difícil para muchos tener paciencia y entender las cosas que a veces tenemos alrededor y por quedarnos con lo que uno ya tiene se nos van de las manos los mejores tesoros. El querer todo ya hace que cometamos miles de errores y le hechamos la culpa al otro, siendo uno el que elige, ¿no?
De lo malo surge lo bueno y ¿de lo bueno?... creo que todavía lo sigo esperando.
El viejo esta cansado, solo vino a darme ese obsequio.
Hablando de ancianos, hoy vì a dos viejitos de la mano, sus miradas apuntaban al horizonte más hermoso que pueda existir. Aferrados como clavo en madera, lentamente caminaban y se decían cosas de amor. Y llegando a la esquina se abrazaron y se dijeron que se amaban como aquella primera vez y se prometieron cuidarse para el resto de su vida. Tan viejos y tan audaces. Tienen mi respeto.
Mi mente reacciono enseguida y volcando un poco de ilusión me pregunte si la vida será tan sabia de dejarme aprender un poco de eso.
Todos queremos un poco de eso.
Ayer viaje como vaca yendo a un matadero. Nada más que las vacas viajan quietas y en silencio, los humanos no, les gusta hacer barullo. Siempre que subo a los colectivos me pregunto a donde me llevará. Es un viaje incierto. O quedo atorado entre tantos cuerpos o el mismo colectivero causa un accidente y nos elimina en un segundo a todos.
Llegue a deducir que la mejor mala palabra para insultar a alguien es decir: “Sos un humano” ya que abarca todas las malas palabras que conocemos. Pero decir que sos un humano es lo más exacto para insultar. Se ahorran palabras.
Dios bien que te lavaste las manos y nos dejaste todo este circo.
El anciano recién acaba de llegar.
Me trajo de regalo a la poderosa araña. La madre de la paciencia. La que teje y espera a su presa en su tela de seda. Maneja el silencio como ley en su vida. Cautelosa y majestuosa caza a mosquita que vuele por su trampa. Quizás también les enseñe a no equivocarse al volar.
Siempre me anda dejando enseñanzas este anciano. Me comento que en su vida la paciencia ocupo la mayor parte de su suerte. Sin forzar a la vida las cosas vienen solas y, solas, se apoderan de nosotros. Es difícil para muchos tener paciencia y entender las cosas que a veces tenemos alrededor y por quedarnos con lo que uno ya tiene se nos van de las manos los mejores tesoros. El querer todo ya hace que cometamos miles de errores y le hechamos la culpa al otro, siendo uno el que elige, ¿no?
De lo malo surge lo bueno y ¿de lo bueno?... creo que todavía lo sigo esperando.
El viejo esta cansado, solo vino a darme ese obsequio.
Hablando de ancianos, hoy vì a dos viejitos de la mano, sus miradas apuntaban al horizonte más hermoso que pueda existir. Aferrados como clavo en madera, lentamente caminaban y se decían cosas de amor. Y llegando a la esquina se abrazaron y se dijeron que se amaban como aquella primera vez y se prometieron cuidarse para el resto de su vida. Tan viejos y tan audaces. Tienen mi respeto.
Mi mente reacciono enseguida y volcando un poco de ilusión me pregunte si la vida será tan sabia de dejarme aprender un poco de eso.
Todos queremos un poco de eso.
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