
(Una película rueda mientras me relajo en el sillón.)
Decido mirarla.
De golpe, él se estremece.
Ella vino sin avisar. Ella lo buscó.
Todo comenzó cuando tenía que comenzar. Sin principio ni fin.
Él, descifra la esencia de esa mujer. ¿Ella?.. Emite signos de no saber.
-¿estas despierta?
-mmm… no se… la verdad no se.
-¿mis palabras tienen valor para desatar tus nudos?
-ehh… si (convenciéndolo)
-Quiero ser tu remedio. Siento que tus ojos me miran y dicen más que un simple mirar.
-Es que yo… (Hay momentos en que el tiempo esta separado en las personas. El llegó a las cuatro, ella recién se cambio a las cinco menos diez.)
Una escena de película.
Puede que pase todos los días en los lugares en los cuales transitamos.
Prendo un sahumerio. Apago la tele. Me siento a meditar.
Un silencio. Mi cabeza piensa. Siento el silencio. Lo mastico.
De apoco el mar se va calmando. Ya no tengo por que nadar tanto. Solo dejo que el mismo me lleve.
Tocan la ventana. Entra el anciano.
Puf. Un viaje hermoso. Esa montaña. Ay si vieras esa montaña. Con solo dos escalones subí a la montaña más alta de todas. ¿En la punta sabes que había? Una caja. Que decía: “Estas frente a mi. Te probaré a ver cuanto aguantas sin abrirme.” Te das cuenta de lo que es eso. Fui a la montaña más alta. Pero había una caja. Cualquier idiota hubiera abierto la caja. Yo fui por la montaña. No por la caja.
Eso te enseña a valorar por lo que fuiste y no por lo que había.
Pase la noche ahí. Las estrellas emitían un ruidito que te hacia dormir. Las muy brillosas hacían que te duermas. Ni bien dormías ellas bajaban y te observaban. Pude engrupirlas por un segundo y logre verlas a mi lado analizándome, pero ya enseguida emitían ese ruido y me dormían.
El amanecer era magnífico. Un enano tiraba de una manivela y el sol aparecía. Claro, ahí el sol se había jubilado. Ya ni fuerza de salir tenia. Entonces el enano se encargaba de subirlo y bajarlo.
Hace días que no veo a mi mujer. Ella ya no me llama. Hice la prueba de ver si realmente esta interesada en mi. Pero no obtuve respuesta. Quizás la llame para saber como anda. Pero vistes esa cosa de sentir que ya no le intereso.
El anciano se quedó en silencio.
Una lágrima cayó de su ojo.
En ese momento sentí la dicha en mi alma. Lo abracé.
-Susurrando- El amor. El amor es como una lamparita. Brilla al principio, pero una vez que la apagas y la prendes. Puf otra vez oscuridad. A cambiar la lamparita.
De golpe…el anciano se esfumó.
Se hizo aire entre tanto aire.
Ya regresará
Decido mirarla.
De golpe, él se estremece.
Ella vino sin avisar. Ella lo buscó.
Todo comenzó cuando tenía que comenzar. Sin principio ni fin.
Él, descifra la esencia de esa mujer. ¿Ella?.. Emite signos de no saber.
-¿estas despierta?
-mmm… no se… la verdad no se.
-¿mis palabras tienen valor para desatar tus nudos?
-ehh… si (convenciéndolo)
-Quiero ser tu remedio. Siento que tus ojos me miran y dicen más que un simple mirar.
-Es que yo… (Hay momentos en que el tiempo esta separado en las personas. El llegó a las cuatro, ella recién se cambio a las cinco menos diez.)
Una escena de película.
Puede que pase todos los días en los lugares en los cuales transitamos.
Prendo un sahumerio. Apago la tele. Me siento a meditar.
Un silencio. Mi cabeza piensa. Siento el silencio. Lo mastico.
De apoco el mar se va calmando. Ya no tengo por que nadar tanto. Solo dejo que el mismo me lleve.
Tocan la ventana. Entra el anciano.
Puf. Un viaje hermoso. Esa montaña. Ay si vieras esa montaña. Con solo dos escalones subí a la montaña más alta de todas. ¿En la punta sabes que había? Una caja. Que decía: “Estas frente a mi. Te probaré a ver cuanto aguantas sin abrirme.” Te das cuenta de lo que es eso. Fui a la montaña más alta. Pero había una caja. Cualquier idiota hubiera abierto la caja. Yo fui por la montaña. No por la caja.
Eso te enseña a valorar por lo que fuiste y no por lo que había.
Pase la noche ahí. Las estrellas emitían un ruidito que te hacia dormir. Las muy brillosas hacían que te duermas. Ni bien dormías ellas bajaban y te observaban. Pude engrupirlas por un segundo y logre verlas a mi lado analizándome, pero ya enseguida emitían ese ruido y me dormían.
El amanecer era magnífico. Un enano tiraba de una manivela y el sol aparecía. Claro, ahí el sol se había jubilado. Ya ni fuerza de salir tenia. Entonces el enano se encargaba de subirlo y bajarlo.
Hace días que no veo a mi mujer. Ella ya no me llama. Hice la prueba de ver si realmente esta interesada en mi. Pero no obtuve respuesta. Quizás la llame para saber como anda. Pero vistes esa cosa de sentir que ya no le intereso.
El anciano se quedó en silencio.
Una lágrima cayó de su ojo.
En ese momento sentí la dicha en mi alma. Lo abracé.
-Susurrando- El amor. El amor es como una lamparita. Brilla al principio, pero una vez que la apagas y la prendes. Puf otra vez oscuridad. A cambiar la lamparita.
De golpe…el anciano se esfumó.
Se hizo aire entre tanto aire.
Ya regresará
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