
El triunfo se logra cuando se levanta la copa. La copa de vino. Brindar con nuestros hermanitos. Brindar por lo que se viene.
El pecho del zorzal se infla y se escuchan nuevas músicas. El viaje empieza a causar gracia y los monigotes se dan cuenta de que el furgón era realmente cómodo.
La viveza de las arpías carece de buena aventuranza. Crean estragos en mí y hacen creer que las moscas hablan. Pero la lágrima del águila ha inundado mi pueblo. Ya los botes no alcanzan. Y los ahogados ríen bajo el agua y los perros nadan hacia algún islote sobreviviente.
La virgen bajó y balbuceo mi nombre. Una mujer con olor a tierra mojada. Hasta la virgen es rara. Mi cuerpo se convirtió en cera y me han dejado en un museo de bondadosos piadosos. Los perversos bailan la danza del ciempiés y se enredan con sus venas.
Toda una sesión de hechos que significan lo vivido. Encontrar una moneda y que se oxida al contactar la piel. Tratas de lustrarla y el brillo ya lo había sacado otro. Creas algún nuevo lugar en tu bolsillo para la moneda y te das cuenta que estaba roto.
El pan solo es comido por pájaros de buen vuelo.
Los cambios que vienen modificaran la astucia de cada uno. Estaremos todos unidos para abrazar el aire que venga. El miedo solo lo tendrán los miedosos, y algunas risas quizás puedan calmar esa bronca. Las lágrimas será la azúcar de los amargos.
Solo dejaremos fluir lo que tenga que pasar. El medio es nuestro. Los extremos, de los exiliados.
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