
En una cantina del desierto conocí al gran maestro. Un tipo intelectual de sentidos y toda la historia en su lengua.
No hay nada que te haga regresar a esa época, me dijo.
Las cosas pasan por que el mundo gira y somos eslabones de esta gran cadena.
No quieras que tus oídos siempre quieran escuchar una verdad, se desconfiado, pero escucha a tu percepción.
Los tragos más bonitos los he tomado con una dama de aspecto lisérgico. Allá por los años 70, donde la música repartía buenos tratos. Y esos tipos coherentes de ideas sabían bien lo que tenían que hacer.
Después de unas caricias de atardeceres bien claros, me dijo adiós. Me acompaño a la estación y con un susurro me predijo que nos volveríamos a ver en los años modernos.
Luego de esa canalización el maestro me siguió dictando sus enseñanzas.
Cuida bien tu cuerpo y piel. También tus palabras, ya que hay humanos que escuchan lo que dices basándose en sus propias ideas.
Haz de ti un silencio y una llama en la oscuridad.
Solo déjate ver cuando el sol salga y te diga cuando es el momento de partir.
Se egoísta con los de miradas tensas y paga con razón y amor, a los que te cobren maldad.
Ama a tus mujeres, cuídalas y llevalas a conocer el mar. Cuéntale lo mágico que es la posesión de sus ojos, de sus perfumes, de su interioridad.
Talla sus cuerpos con madera y con agua de lago, y sol del sur, dales vida.
Ama a tus hijos, hermanos y amigos.
Es todo lo que tienes que hacer.
No le temas a tu muerte. Ella vendrá en el momento justo. Haz primero todos tus sueños e ilusiones. Se fuerte con los miedos.
Saborea la risa y la felicidad.
Salta de alegría.
Elévate… elévate hacia allá. Hacia ese lugar.
Sentirlo… es parte de este todo.
Ve hacia allá.
Ve solamente.
Déjate llevar.
No hay nada que te haga regresar a esa época, me dijo.
Las cosas pasan por que el mundo gira y somos eslabones de esta gran cadena.
No quieras que tus oídos siempre quieran escuchar una verdad, se desconfiado, pero escucha a tu percepción.
Los tragos más bonitos los he tomado con una dama de aspecto lisérgico. Allá por los años 70, donde la música repartía buenos tratos. Y esos tipos coherentes de ideas sabían bien lo que tenían que hacer.
Después de unas caricias de atardeceres bien claros, me dijo adiós. Me acompaño a la estación y con un susurro me predijo que nos volveríamos a ver en los años modernos.
Luego de esa canalización el maestro me siguió dictando sus enseñanzas.
Cuida bien tu cuerpo y piel. También tus palabras, ya que hay humanos que escuchan lo que dices basándose en sus propias ideas.
Haz de ti un silencio y una llama en la oscuridad.
Solo déjate ver cuando el sol salga y te diga cuando es el momento de partir.
Se egoísta con los de miradas tensas y paga con razón y amor, a los que te cobren maldad.
Ama a tus mujeres, cuídalas y llevalas a conocer el mar. Cuéntale lo mágico que es la posesión de sus ojos, de sus perfumes, de su interioridad.
Talla sus cuerpos con madera y con agua de lago, y sol del sur, dales vida.
Ama a tus hijos, hermanos y amigos.
Es todo lo que tienes que hacer.
No le temas a tu muerte. Ella vendrá en el momento justo. Haz primero todos tus sueños e ilusiones. Se fuerte con los miedos.
Saborea la risa y la felicidad.
Salta de alegría.
Elévate… elévate hacia allá. Hacia ese lugar.
Sentirlo… es parte de este todo.
Ve hacia allá.
Ve solamente.
Déjate llevar.
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