Lo único que vivimos es el Presente

Nuestra mente guarda cosas como si fuera una biblioteca,
nos gusta lustrar nuestros recuerdos, adorar nuestros pasados.
Pero lo único que existe es el Presente.

sábado, 12 de abril de 2008

Paciencia de maestro


En una cantina del desierto conocí al gran maestro. Un tipo intelectual de sentidos y toda la historia en su lengua.
No hay nada que te haga regresar a esa época, me dijo.
Las cosas pasan por que el mundo gira y somos eslabones de esta gran cadena.
No quieras que tus oídos siempre quieran escuchar una verdad, se desconfiado, pero escucha a tu percepción.

Los tragos más bonitos los he tomado con una dama de aspecto lisérgico. Allá por los años 70, donde la música repartía buenos tratos. Y esos tipos coherentes de ideas sabían bien lo que tenían que hacer.
Después de unas caricias de atardeceres bien claros, me dijo adiós. Me acompaño a la estación y con un susurro me predijo que nos volveríamos a ver en los años modernos.

Luego de esa canalización el maestro me siguió dictando sus enseñanzas.
Cuida bien tu cuerpo y piel. También tus palabras, ya que hay humanos que escuchan lo que dices basándose en sus propias ideas.
Haz de ti un silencio y una llama en la oscuridad.
Solo déjate ver cuando el sol salga y te diga cuando es el momento de partir.
Se egoísta con los de miradas tensas y paga con razón y amor, a los que te cobren maldad.

Ama a tus mujeres, cuídalas y llevalas a conocer el mar. Cuéntale lo mágico que es la posesión de sus ojos, de sus perfumes, de su interioridad.
Talla sus cuerpos con madera y con agua de lago, y sol del sur, dales vida.
Ama a tus hijos, hermanos y amigos.
Es todo lo que tienes que hacer.

No le temas a tu muerte. Ella vendrá en el momento justo. Haz primero todos tus sueños e ilusiones. Se fuerte con los miedos.
Saborea la risa y la felicidad.
Salta de alegría.
Elévate… elévate hacia allá. Hacia ese lugar.
Sentirlo… es parte de este todo.
Ve hacia allá.
Ve solamente.
Déjate llevar.

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