Arrepentirse es como haber comprado una silla con tres patas. Sabíamos lo que estábamos comprando. Y mientras mas tiempo pasa más aumenta esa culpa.
Se diluyen las cosas y en el momento nunca nos dimos cuenta que estábamos vivos.
En esta gran escuela llena de alumnos, salgo a la calle, a la vida, y ¿Dónde están los maestros?
Los leones nos están esperando y nuestro cuerpo mal alimentado solo servirá de abono a la tierra.
Con un olor a rosa hago que aparezca.
“Un vaso de agua necesito. De ese agua que baja de las cascadas mas heladas del sur. Ese agua que limpio por años mi mugre de días laboriosos. Ese agua dulce que supo manifestar tranquilidad cuando mi estomago era un fuego.
Glu glu glu…ah...me siento mas joven así.
La vida me mando como carta sin destinatario, nunca fui de nadie, solo de la vida.
En la vida existen muchos tipos de personas. Personas con suerte, las cuales dicen “ah” y les cae el cielo, las estrellas y los mares. Otras que son más actores de lo que son en la vida y nos “enseñan” por televisión. Aquellos a los que les dieron todo, pero todo, pero no una conciencia y piensan con los pies y comen por el culo.
Los sin pan, los sin tierra, los sin nada.
Y gente como yo. Gente desconocida.
Desperté perezosos de siestas largas y al levantarse el tesoro yacía en sus pies. Caminé cielos y tierras consiguiendo pócimas, brindándoselas a los sedientos cuando tenían sed. Curé corazones, herví aguas, tapé agujeros de mujeres desoladas y vino un suertudo y se las llevó. Pisé vino para la muerte y ella se llevó a mi padre y mi madre. Lustre los zapatos de dios y se quedó con mi mujer.
Entonces dime:
¿De que me tengo que arrepentir?
La vida me dejó conocer la vejez.
Eso si...
Solo me arrepiento de una cosa…
De no haberle preguntado a dios, si mi mujer le cocina como me cocinaba a mi. Jajá”
Su risa fue como un fuego de artificio.
Brindamos con buen vino y dejamos que la noche nos cuente lo que está por venir.
Se diluyen las cosas y en el momento nunca nos dimos cuenta que estábamos vivos.
En esta gran escuela llena de alumnos, salgo a la calle, a la vida, y ¿Dónde están los maestros?
Los leones nos están esperando y nuestro cuerpo mal alimentado solo servirá de abono a la tierra.
Con un olor a rosa hago que aparezca.
“Un vaso de agua necesito. De ese agua que baja de las cascadas mas heladas del sur. Ese agua que limpio por años mi mugre de días laboriosos. Ese agua dulce que supo manifestar tranquilidad cuando mi estomago era un fuego.
Glu glu glu…ah...me siento mas joven así.
La vida me mando como carta sin destinatario, nunca fui de nadie, solo de la vida.
En la vida existen muchos tipos de personas. Personas con suerte, las cuales dicen “ah” y les cae el cielo, las estrellas y los mares. Otras que son más actores de lo que son en la vida y nos “enseñan” por televisión. Aquellos a los que les dieron todo, pero todo, pero no una conciencia y piensan con los pies y comen por el culo.
Los sin pan, los sin tierra, los sin nada.
Y gente como yo. Gente desconocida.
Desperté perezosos de siestas largas y al levantarse el tesoro yacía en sus pies. Caminé cielos y tierras consiguiendo pócimas, brindándoselas a los sedientos cuando tenían sed. Curé corazones, herví aguas, tapé agujeros de mujeres desoladas y vino un suertudo y se las llevó. Pisé vino para la muerte y ella se llevó a mi padre y mi madre. Lustre los zapatos de dios y se quedó con mi mujer.
Entonces dime:
¿De que me tengo que arrepentir?
La vida me dejó conocer la vejez.
Eso si...
Solo me arrepiento de una cosa…
De no haberle preguntado a dios, si mi mujer le cocina como me cocinaba a mi. Jajá”
Su risa fue como un fuego de artificio.
Brindamos con buen vino y dejamos que la noche nos cuente lo que está por venir.
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