
Había discos en la pared,
Donde yo tomaba y miraba la gente pasar.
No era un borracho, solo disfrutaba del buen tomar,
La gente me creía abandonado, pero yo estaba conmigo mismo, riéndome de los demás.
Los vinilos sonaban mientras yo leía,
Y la mujer del policía contaba sus historias.
Había un graffiti en la pared que siempre recordare: “Con la democracia, se come, se educa y se muere”
A veces me pregunto cuando se acabara esta precaria historia.
Ni unos, ni otros.
Los pendejos alucinaban por el barrio,
Se creían ajenos a toda situación,
Por las mañanas la señora del sexto limpiaba la vereda barnizada en sangre.
Borregos a punto de colapsar, engendrados en una bola de mentiras.
El bar siempre estuvo abierto,
No se por que es este el lugar a donde uno le gusta estar.
La música nunca paro de sonar,
Por la radio enmascarados discrepan su verdad, una parva de palabras que entran como veneno en nuestro sentido cerebral.
Y la mujer del policía,
Astuta y siniestra.
Desnuda y su mirada,
Perfecta y mal entendida.
Como una araña y sus pollitos,
Todo el ron en su piel,
Nunca creí que mi lengua llegase ahí.
Atento al delirio,
Trato de salvar mi ser.
Encerrado en buenos libros,
Apaciguado en buenas melodías.
Cazando moscas y matando al moscardón,
La lluvia cae y cae,
El sol, la luna y las estrellas.
Donde yo tomaba y miraba la gente pasar.
No era un borracho, solo disfrutaba del buen tomar,
La gente me creía abandonado, pero yo estaba conmigo mismo, riéndome de los demás.
Los vinilos sonaban mientras yo leía,
Y la mujer del policía contaba sus historias.
Había un graffiti en la pared que siempre recordare: “Con la democracia, se come, se educa y se muere”
A veces me pregunto cuando se acabara esta precaria historia.
Ni unos, ni otros.
Los pendejos alucinaban por el barrio,
Se creían ajenos a toda situación,
Por las mañanas la señora del sexto limpiaba la vereda barnizada en sangre.
Borregos a punto de colapsar, engendrados en una bola de mentiras.
El bar siempre estuvo abierto,
No se por que es este el lugar a donde uno le gusta estar.
La música nunca paro de sonar,
Por la radio enmascarados discrepan su verdad, una parva de palabras que entran como veneno en nuestro sentido cerebral.
Y la mujer del policía,
Astuta y siniestra.
Desnuda y su mirada,
Perfecta y mal entendida.
Como una araña y sus pollitos,
Todo el ron en su piel,
Nunca creí que mi lengua llegase ahí.
Atento al delirio,
Trato de salvar mi ser.
Encerrado en buenos libros,
Apaciguado en buenas melodías.
Cazando moscas y matando al moscardón,
La lluvia cae y cae,
El sol, la luna y las estrellas.
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