
Y un día vino el miedo, golpeo la puerta y entrò.
La mayor parte del pueblo se escondió del miedo, creía que todo iba a terminar.
Pero hubo otra parte que salio a trabajar, amar, nacer y hacer todas las rutinas de todos los días.
El miedo se ubico en la vieja silla de mimbre donde se sentaba aquel patriarca del pueblo.
La gente desesperada seguía escondiéndose, no podía entender como el miedo aparecía y ocupaba los lugares mas preciados del pueblo.
Pero había gente que salía a la calle y le dejaba ofrendas al miedo, lo veneraba, lo halagaba, lo respetaba.
Fue así que empezó la guerra del miedo. Esas guerras que inventa el humano para tener la razón y gobernar estructuras simples.
El miedo imitaba todo lo que la gente hacia, reía, lloraba, corría, desesperaba.
Hasta que un día el miedo hablo y dijo:
“No le teman a una simple emoción, solo soy su reflejo, soy lo que ustedes quieren que sea, solo soy y déjenme ser”
“solo quería que me conozcan, no les voy hacer daño, solamente voy hacer lo que ustedes me digan”
La gente asombrada comenzó a gritar. Alaridos intensos salían de sus bocas, sus caras imitaban a la locura, sus cuerpos se arrugaban de placer.
Y el miedo se levantó y empezó a caminar hacia esas personas, las abrazo y les otorgo una oportunidad y les dijo al oído:
“El sentido del miedo es darse cuenta de lo que no quieren aceptar, el significado del miedo es todo lo que no se atreven hacer...
Por eso he venido, ustedes me han llamado, y por eso me retiro, por que ustedes me han echado…”
Y un día el miedo se fue y la gente volvió a sus rutinas. El sol salió y otorgó luz a las cosechas, los bares abrieron y todo fue con su natural normalidad.
La mayor parte del pueblo se escondió del miedo, creía que todo iba a terminar.
Pero hubo otra parte que salio a trabajar, amar, nacer y hacer todas las rutinas de todos los días.
El miedo se ubico en la vieja silla de mimbre donde se sentaba aquel patriarca del pueblo.
La gente desesperada seguía escondiéndose, no podía entender como el miedo aparecía y ocupaba los lugares mas preciados del pueblo.
Pero había gente que salía a la calle y le dejaba ofrendas al miedo, lo veneraba, lo halagaba, lo respetaba.
Fue así que empezó la guerra del miedo. Esas guerras que inventa el humano para tener la razón y gobernar estructuras simples.
El miedo imitaba todo lo que la gente hacia, reía, lloraba, corría, desesperaba.
Hasta que un día el miedo hablo y dijo:
“No le teman a una simple emoción, solo soy su reflejo, soy lo que ustedes quieren que sea, solo soy y déjenme ser”
“solo quería que me conozcan, no les voy hacer daño, solamente voy hacer lo que ustedes me digan”
La gente asombrada comenzó a gritar. Alaridos intensos salían de sus bocas, sus caras imitaban a la locura, sus cuerpos se arrugaban de placer.
Y el miedo se levantó y empezó a caminar hacia esas personas, las abrazo y les otorgo una oportunidad y les dijo al oído:
“El sentido del miedo es darse cuenta de lo que no quieren aceptar, el significado del miedo es todo lo que no se atreven hacer...
Por eso he venido, ustedes me han llamado, y por eso me retiro, por que ustedes me han echado…”
Y un día el miedo se fue y la gente volvió a sus rutinas. El sol salió y otorgó luz a las cosechas, los bares abrieron y todo fue con su natural normalidad.
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