Lo único que vivimos es el Presente

Nuestra mente guarda cosas como si fuera una biblioteca,
nos gusta lustrar nuestros recuerdos, adorar nuestros pasados.
Pero lo único que existe es el Presente.

miércoles, 23 de mayo de 2007

El miedo, como ojos negros que te miran.


Los estructurados crearon el miedo y del miedo vino la enfermedad.
Somos como peces nadando entre mares de miedos que hacemos que nos hagan mal.
El miedo surge de algo que nos contaron de un principio pero ni sabemos si es verdad. Como dijo una colega mía Ariadna “Que loco tenerle miedo a algo que todavía ni conocimos”.
Árboles altos, muy altos. En el medio de un bosque. La única luz son un conjunto de luciérnagas que chillan al ritmo de la noche fresca, dulce y tentadora. Las sombras toman anís sentadas en los troncos cortados. Los pájaros se miran de una rama a la otra incitándose a armar un gran jolgorio. Un bruto jolgorio. Los leones se aparean y se escucha el grito de la mariposa.
¡OH extraviado cuando será mi resurrección!, un duende exclama de rodillas al rey. Las ninfas hacen el amor entre ellas y las arpías muerden cuerpos en celo de seres humanos al borde de la locura.
Las flores tienen ganas de florecer. Rosas, amarillas, azules, violetas. No le temen a la lluvia, no le temen al sol. Tan espontáneas, tan naturales, tan silenciosas. Los humanos tan pulcros, tan sabios, tan inteligentes. Le temen a la lluvia, les quema el sol, aman su egoísmo, aman su rencor.
Había un loco al que le tenían miedo por estar cuerdo. Estaba tan cuerdo que prefirió volverse loco. Solo por el hecho de no creerle lo que sentía, decía, y podía llegar a percibir. Entonces se hartó y dijo: “ahora me van a tener miedo de verdad, por que estoy verdaderamente loco. Soy el miedo en persona, lo desconocido, lo absurdo”. Fue así que los que no le creían, en algo le pudieron creer, que estaba esquizofrénicamente loco.
Así son los humanos.
El anciano volvió de su viaje del “mar que queda aca la vuelta y tiene pies”. Me contó sus travesías. De que, conoció a un mosquito que cantaba tangos de Gardel. Donde la paz era ley, y la violencia el castigo de los diablos con cola. El amor era la canción de todos los días, el respeto un chupetín que no se terminaba nunca y el miedo la risa de todos los habitantes de ese utópico lugar.
Me trajo de souvenir un espantador de boludos. No sabia que existía algo así. Pero claro, en ese lugar al que el anciano fue hay cosas maravillosas. Me dejo unas sabias palabras: “este objeto te servirá para espantar boludos ya que tu lugar es el mayor productor de todo lo que cualquier lugar desea. Mayor productor de trigo, frutas, carnes. Y además: Mayor productor de boludos”.
La casa nunca estuvo en orden, porque el perro quedo afuera.
No tengan miedo.
Todavía ni conocemos lo que somos.
Primero hagamos lo primero.

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