
“Vengo del subterráneo hermano. Donde hay diablitos robando almas, donde los sentimientos se guardan en frascos. En el subterráneo la tierra larga su tufo, su calor. Con tanto frió cerca, estoy haciendo un pozo en mi lugar. Me esconderé de la escarcha, buscare café del mejor y buena literatura para emocionar mis sentidos.
En ese subterráneo veo a una pareja de pájaros volar por todo el lugar. El subte avanza hacia un lugar y lleno de gente aterriza en la estación.
Ese subte me lleva hacia el cielo de dos colores.
En ese cielo está el diamante, ese que te ayuda a encontrar la paz. ¿Has abierto puertas imaginarias alguna vez? “
(-No. Pero siempre imagine que hay puertas que al abrirlas te llevan hacia lugares alguna vez soñados.)
“Esas puertas pueden ser personas también, las cuales te conducen hacia otras personas y así encontrar experiencia pura. No existe el desamor, sino, el fin de un aprendizaje.
En ese cielo de dos colores, la vida se ríe todo el tiempo y uno es como un personaje dominado por ella.
Una vez ame a una mujer de color rosa. Su cuerpo era de tela y se vestía como una flor. Pero siempre supe de mis artificios sentimentales. Ya que en la vida no existe una única mujer. Nuestra mente esta adaptada a construir historias. Acepta en el momento justo cual es la verdad de una supuesta verdad. O sea, para que lo entiendas mejor.
Amo a una mujer. Pero también amo a tu mujer y a la vez amo a la mujer de aquel. Y así amo a todas las mujeres.
Si, no me digas nada. Soy un anciano de color verde. Es que cuando llegues a esta edad no te va a importar a quien amar. Solo querrás amar”
(Note una mínima angustia en su “Solo querrás amar” pero lo entendí. En este proceso vivencial iremos conociendo esos momentos.)
“OH san diamante. En la estación del cielo de dos colores las mujeres vestían de azul. Ellas lloraban a sus hombres y ese llorisqueo en masa se convertía en un gran concierto de mujeres llorando.
¿Me pregunte en varias ocasiones, que hacia ahí?
Nunca tuve una respuesta. Inmediatamente empecé a consolar a esas mujeres. Y en consecuente ellas me consolaban a mí.
La estación era de color amarillo opaco y las flores alegraban el lugar.
Estas mujeres llevaban ricos perfumes y ojos de color madera, lo cual, me hacían acordar a niñas pequeñas buscando su primer juguete. Sus ojos brillaban,
Y esa respuesta que buscaba, por arte de magia se fue respondiendo lentamente.
En ese lugar existía la paciencia. El arte de esperar.
Ellas esperaban. Su tarea era esperar. Aprendí a esperar, a tolerar y a entender la paciencia.
Ellas lloraban pero reían. Ellas penaban pero cantaban. Era el único hombre ahí, imaginé en un momento, por el cariño que me daban, un destinado del amor. Amar a cada una de las mujeres que ahí habitaban.
¡Pero no! Ellas sabían de mi llegada. Y su enseñanza abrió una de esas puertas imaginarias que tú has dicho.
Envueltos en risas nos abrazamos todos juntos y decidimos volver a vernos.
Esas mujeres me enseñaron a esperar. En esa estación existía la dualidad. Es la estación del cielo de dos colores. Tristeza y felicidad.”
(Como apareció sin ningún indicio, el anciano se fue sin decir nada tampoco. Solo ese gran aprendizaje. Se convirtió en araña y lentamente armó su tela donde dormirá esta noche.)
En ese subterráneo veo a una pareja de pájaros volar por todo el lugar. El subte avanza hacia un lugar y lleno de gente aterriza en la estación.
Ese subte me lleva hacia el cielo de dos colores.
En ese cielo está el diamante, ese que te ayuda a encontrar la paz. ¿Has abierto puertas imaginarias alguna vez? “
(-No. Pero siempre imagine que hay puertas que al abrirlas te llevan hacia lugares alguna vez soñados.)
“Esas puertas pueden ser personas también, las cuales te conducen hacia otras personas y así encontrar experiencia pura. No existe el desamor, sino, el fin de un aprendizaje.
En ese cielo de dos colores, la vida se ríe todo el tiempo y uno es como un personaje dominado por ella.
Una vez ame a una mujer de color rosa. Su cuerpo era de tela y se vestía como una flor. Pero siempre supe de mis artificios sentimentales. Ya que en la vida no existe una única mujer. Nuestra mente esta adaptada a construir historias. Acepta en el momento justo cual es la verdad de una supuesta verdad. O sea, para que lo entiendas mejor.
Amo a una mujer. Pero también amo a tu mujer y a la vez amo a la mujer de aquel. Y así amo a todas las mujeres.
Si, no me digas nada. Soy un anciano de color verde. Es que cuando llegues a esta edad no te va a importar a quien amar. Solo querrás amar”
(Note una mínima angustia en su “Solo querrás amar” pero lo entendí. En este proceso vivencial iremos conociendo esos momentos.)
“OH san diamante. En la estación del cielo de dos colores las mujeres vestían de azul. Ellas lloraban a sus hombres y ese llorisqueo en masa se convertía en un gran concierto de mujeres llorando.
¿Me pregunte en varias ocasiones, que hacia ahí?
Nunca tuve una respuesta. Inmediatamente empecé a consolar a esas mujeres. Y en consecuente ellas me consolaban a mí.
La estación era de color amarillo opaco y las flores alegraban el lugar.
Estas mujeres llevaban ricos perfumes y ojos de color madera, lo cual, me hacían acordar a niñas pequeñas buscando su primer juguete. Sus ojos brillaban,
Y esa respuesta que buscaba, por arte de magia se fue respondiendo lentamente.
En ese lugar existía la paciencia. El arte de esperar.
Ellas esperaban. Su tarea era esperar. Aprendí a esperar, a tolerar y a entender la paciencia.
Ellas lloraban pero reían. Ellas penaban pero cantaban. Era el único hombre ahí, imaginé en un momento, por el cariño que me daban, un destinado del amor. Amar a cada una de las mujeres que ahí habitaban.
¡Pero no! Ellas sabían de mi llegada. Y su enseñanza abrió una de esas puertas imaginarias que tú has dicho.
Envueltos en risas nos abrazamos todos juntos y decidimos volver a vernos.
Esas mujeres me enseñaron a esperar. En esa estación existía la dualidad. Es la estación del cielo de dos colores. Tristeza y felicidad.”
(Como apareció sin ningún indicio, el anciano se fue sin decir nada tampoco. Solo ese gran aprendizaje. Se convirtió en araña y lentamente armó su tela donde dormirá esta noche.)
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