
Luego de regresar de su trance, el anciano vuelve a concentrarse en mí. Volvió con una bolsa llena de cartas viejas.
Un ron dulce como un primer amor y su cara que cambia de colores. Cuando cuenta cosas viejas su cara es de color sepia pero cuando cuenta cosas modernas su cara es brillante y simpática.
“Uno es un simple reproductor de recuerdos. Hay gente que recuerda más que otra. No solo recordaras a los tipos santos sino también a los reverendos hijos de lucifer. Por que de esos monumentos a la vergüenza uno tampoco se va a olvidar. Idealistas y morbosos de ideas anti-humanas.
Esta bolsa, hijo, trae recuerdos de épocas atrás.
Todo tipo de cartas. Las más comunes, de amor. Las más tristes, de adiós. Las más tímidas, de perdón. Las más bonitas, de invitación y las más inquietantes, las de la verdad.”
Sus manos revolvían como niño en busca de su mejor juguete. El ron descansaba en nuestros estómagos. Nutria lentamente nuestra sangre. Se esparcía en nuestro cuerpo y depositaba su magia en todas nuestras emociones.
“El humano utiliza toda su razón creando “cosas” para dejar, escrito, fotografiado y filmado, todo hecho que sintetice un momento histórico vivencial y personal.
El pasado es como ser un olvidadizo. Volvemos a buscar cosas que no sabemos donde las dejamos.
Y volvemos. Volvemos al pasadizo. Y entramos en la película. El guión es viejo. Pero ya lo sabemos de memoria.
Veamos esta carta.
Los Ángeles 17 de junio de 1970
Querida anna:
Me has dejado el calidoscopio y le he encontrado una gran utilidad. He colocado una foto tuya y al girarlo te veo de muchas formas. Deformada, luminosa, de varios colores, una parte de tu cara, una parte de tu cuerpo. Pero sobre todas las partes siempre esta tu belleza.
Decidí que esta no sea una carta de amor, sino de recuerdos simpáticos. Un recuerdo son ganas petrificadas. Todos recordamos algo.
Recuerdo la noche en que la música sonaba. Ese blues se deslizaba sobre nuestras caras. La psicodélica era parte de lo que intentábamos entender como real. Me colgué de tus raíces y nos convertimos en tierra. Germinamos como plantas y la fotosíntesis en proceso acelero la creación. Nada de lo que vivíamos era real.
Nuestras mentes apareaban ideas y manifestaban libertad. Y el blues sonaba al compás de nuestro ritual. Adrenalina soñada. La vida estaba fotografiando el momento. Aprovechábamos la noche como si supiéramos que nos íbamos a alejar. Nos anticipamos a la historia.
Conectados a un universo inexplicable conocimos nuestras vidas pasadas.
El recuerdo se estaba escribiendo.
El recuerdo es tenerte en mi calidoscopio.
Girar y verte. Girar y parar. Girar y reírme.
Te veo de mil formas.
¿Me recuerdas como yo lo hago contigo?
Querida anna, me has dejado el calidoscopio y el tiempo me lo perdió. Ya no encuentro tus mil formas. Ya no giro con vos.
Solo me queda esa introducción de blues.
Janis y emoción.
Puertas y percepción.
Escarabajos en mi habitación.
Un vinilo con tu perfume y canción.
“Al leer esta carta he recordado haber sido joven. Creo que estoy grande para envejecer.
Dejare que el mundo me siga llevando. Giro con el. Soy las horas. Soy el tiempo. Soy la lluvia y la nieve. Todo volverá a suceder. Te borran los recuerdos. Pero los revives con otros cuerdos.
Entra en el blues. Entra en el blues.
Escucha la canción. Prepárate a saltar.”
Carcajadas y el anciano se convirtió en música.
Su desaparición nunca es un adiós. Es un hasta siempre. Como los recuerdos. Como esta emoción.
Un ron dulce como un primer amor y su cara que cambia de colores. Cuando cuenta cosas viejas su cara es de color sepia pero cuando cuenta cosas modernas su cara es brillante y simpática.
“Uno es un simple reproductor de recuerdos. Hay gente que recuerda más que otra. No solo recordaras a los tipos santos sino también a los reverendos hijos de lucifer. Por que de esos monumentos a la vergüenza uno tampoco se va a olvidar. Idealistas y morbosos de ideas anti-humanas.
Esta bolsa, hijo, trae recuerdos de épocas atrás.
Todo tipo de cartas. Las más comunes, de amor. Las más tristes, de adiós. Las más tímidas, de perdón. Las más bonitas, de invitación y las más inquietantes, las de la verdad.”
Sus manos revolvían como niño en busca de su mejor juguete. El ron descansaba en nuestros estómagos. Nutria lentamente nuestra sangre. Se esparcía en nuestro cuerpo y depositaba su magia en todas nuestras emociones.
“El humano utiliza toda su razón creando “cosas” para dejar, escrito, fotografiado y filmado, todo hecho que sintetice un momento histórico vivencial y personal.
El pasado es como ser un olvidadizo. Volvemos a buscar cosas que no sabemos donde las dejamos.
Y volvemos. Volvemos al pasadizo. Y entramos en la película. El guión es viejo. Pero ya lo sabemos de memoria.
Veamos esta carta.
Los Ángeles 17 de junio de 1970
Querida anna:
Me has dejado el calidoscopio y le he encontrado una gran utilidad. He colocado una foto tuya y al girarlo te veo de muchas formas. Deformada, luminosa, de varios colores, una parte de tu cara, una parte de tu cuerpo. Pero sobre todas las partes siempre esta tu belleza.
Decidí que esta no sea una carta de amor, sino de recuerdos simpáticos. Un recuerdo son ganas petrificadas. Todos recordamos algo.
Recuerdo la noche en que la música sonaba. Ese blues se deslizaba sobre nuestras caras. La psicodélica era parte de lo que intentábamos entender como real. Me colgué de tus raíces y nos convertimos en tierra. Germinamos como plantas y la fotosíntesis en proceso acelero la creación. Nada de lo que vivíamos era real.
Nuestras mentes apareaban ideas y manifestaban libertad. Y el blues sonaba al compás de nuestro ritual. Adrenalina soñada. La vida estaba fotografiando el momento. Aprovechábamos la noche como si supiéramos que nos íbamos a alejar. Nos anticipamos a la historia.
Conectados a un universo inexplicable conocimos nuestras vidas pasadas.
El recuerdo se estaba escribiendo.
El recuerdo es tenerte en mi calidoscopio.
Girar y verte. Girar y parar. Girar y reírme.
Te veo de mil formas.
¿Me recuerdas como yo lo hago contigo?
Querida anna, me has dejado el calidoscopio y el tiempo me lo perdió. Ya no encuentro tus mil formas. Ya no giro con vos.
Solo me queda esa introducción de blues.
Janis y emoción.
Puertas y percepción.
Escarabajos en mi habitación.
Un vinilo con tu perfume y canción.
“Al leer esta carta he recordado haber sido joven. Creo que estoy grande para envejecer.
Dejare que el mundo me siga llevando. Giro con el. Soy las horas. Soy el tiempo. Soy la lluvia y la nieve. Todo volverá a suceder. Te borran los recuerdos. Pero los revives con otros cuerdos.
Entra en el blues. Entra en el blues.
Escucha la canción. Prepárate a saltar.”
Carcajadas y el anciano se convirtió en música.
Su desaparición nunca es un adiós. Es un hasta siempre. Como los recuerdos. Como esta emoción.
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