
¿Dónde estarán ahora esos falsos héroes?
¿Esos héroes que la gente creo?
El cielo es muy grande y ocupa la misma dimensión que la tierra.
Quedar patas para arriba, para el cielo pisar y la tierra cabecear.
El anciano ha vuelto de su viaje ancestral. Me comento sobre su perdida de memoria y fue así que tuvo que regresar años atrás a recuperar momentos, realidades, y una bolsa de objetos que nunca pudo abrir.
“Si vuelves al pasado, acuérdate de no tocar nada y no decir tampoco. Solo observa y diles a todos si, como a los locos.
Como un fantasma vuela por los espacios ya vividos y que recuerdes. Agarra tus cosas y vuelve al presente. Nunca quieras ser un justiciero ni un revolucionario en el pasado.
Y piénsalo bien si lo quisieras así en el ahora.”
“He conocido héroes de años atrás. Tipos de intelecto enumerado y miradas mansas.
Te dictaban su filosofía como si acariciasen tu piel. Y así te enamorabas de ellos. Comprabas sus libros y pegabas sus afiches.
Hubo héroes que murieron de un día para el otro y al pasar los años el mundo los alcanzó y, por arte de magia, salieron de la tumba para ser famosos y así volverse acostar”
El anciano es un tipo fuerte de mente. Sus ojos están quietos como las estrellas y sus palabras, a la hora de salir, son como destellos luminosos.
“¿Sabes tu, que todos podemos ser héroes?
Esos vulnerables comen alpiste de gorrión y beben de oxidados retretes. Puedes hacerles lo que quieras. El poder fue de los dioses alguna vez. Hoy estos lo tomaron y destrozaron la paz.
¿Cómo recuperar toda esa paz?
En mis años había una ley en la cual no podías aparentar ser humano. Yo despertaba estrellas en ese momento. De mi facilidad de hablar muchos se aprovecharon y robaron mis ideas. De un día para el otro, los que comían cartón, comieron mermelada.
Fui humano y destronaron mi moral. Esa ley fue impuesta en mí. En el único ciudadano de esa ciudad de luz.
Tuve que ser mayordomo de esas estrellas.
Fui mayordomo de mis amigos, familiares y hasta de mendigos que contaban estampitas en la estación.
¿Entiendes ahora como es todo?
¿Como es esta suerte?
¿Como venimos y nos vamos?
Nunca duermas vestido y con medias. Disfruta mínimas cosas.
Por que de golpe, sin darte cuenta, te acuestas en madera y la tierra se nutrirá con vos”
Note bronca en su enseñanza. Dolor y resignación. Pero a la vez felicidad.
Esa felicidad de anciano. Esa naturalidad de haber soportado estrellas revolcarse en la propia ilusión.
De cada uno. De vos y de todos.
Mientras el anciano desaparece en la luz.
¿Esos héroes que la gente creo?
El cielo es muy grande y ocupa la misma dimensión que la tierra.
Quedar patas para arriba, para el cielo pisar y la tierra cabecear.
El anciano ha vuelto de su viaje ancestral. Me comento sobre su perdida de memoria y fue así que tuvo que regresar años atrás a recuperar momentos, realidades, y una bolsa de objetos que nunca pudo abrir.
“Si vuelves al pasado, acuérdate de no tocar nada y no decir tampoco. Solo observa y diles a todos si, como a los locos.
Como un fantasma vuela por los espacios ya vividos y que recuerdes. Agarra tus cosas y vuelve al presente. Nunca quieras ser un justiciero ni un revolucionario en el pasado.
Y piénsalo bien si lo quisieras así en el ahora.”
“He conocido héroes de años atrás. Tipos de intelecto enumerado y miradas mansas.
Te dictaban su filosofía como si acariciasen tu piel. Y así te enamorabas de ellos. Comprabas sus libros y pegabas sus afiches.
Hubo héroes que murieron de un día para el otro y al pasar los años el mundo los alcanzó y, por arte de magia, salieron de la tumba para ser famosos y así volverse acostar”
El anciano es un tipo fuerte de mente. Sus ojos están quietos como las estrellas y sus palabras, a la hora de salir, son como destellos luminosos.
“¿Sabes tu, que todos podemos ser héroes?
Esos vulnerables comen alpiste de gorrión y beben de oxidados retretes. Puedes hacerles lo que quieras. El poder fue de los dioses alguna vez. Hoy estos lo tomaron y destrozaron la paz.
¿Cómo recuperar toda esa paz?
En mis años había una ley en la cual no podías aparentar ser humano. Yo despertaba estrellas en ese momento. De mi facilidad de hablar muchos se aprovecharon y robaron mis ideas. De un día para el otro, los que comían cartón, comieron mermelada.
Fui humano y destronaron mi moral. Esa ley fue impuesta en mí. En el único ciudadano de esa ciudad de luz.
Tuve que ser mayordomo de esas estrellas.
Fui mayordomo de mis amigos, familiares y hasta de mendigos que contaban estampitas en la estación.
¿Entiendes ahora como es todo?
¿Como es esta suerte?
¿Como venimos y nos vamos?
Nunca duermas vestido y con medias. Disfruta mínimas cosas.
Por que de golpe, sin darte cuenta, te acuestas en madera y la tierra se nutrirá con vos”
Note bronca en su enseñanza. Dolor y resignación. Pero a la vez felicidad.
Esa felicidad de anciano. Esa naturalidad de haber soportado estrellas revolcarse en la propia ilusión.
De cada uno. De vos y de todos.
Mientras el anciano desaparece en la luz.
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