
Nuestro cuerpo esta a 35 grados hirviendo y es el frió el que nos lleva hacia otro lugar.
Como esta mañana gris, hermosa y sabia, la cual nos anticipa que la noche será idéntica a la felicidad.
Veo gorriones comer migas de pan en las plazas sucias y concretas, encerradas en rejas, donde los niños parecen estar presos por querer ser felices.
La arena mojada y las manos agarradas al frió metal.
Su pelo blanco, una gorra de marinero viejo y un gamulan de los años 20. Su olor a vejez y orín seco de días atrás, resaltando una mirada ya equilibrada de tanto vivir.
“¿Te conté la historia de Geetaa?”
Me preguntó confundido.
Si.Ya me has contado tu amor indio y otoño feliz.
“Es cierto joven, ese humo del que te conté me hizo perder la memoria. Hace unos días pase por la despensa a buscar un poco de líquido amarillo, el cual relaja mi garganta. El escocés es dulce y digestivo. Tengo importantes cosas que enseñarte.”
El cielo se abrió y el sol nos dio la bienvenida.
El anciano escurre su ropa mojada y se seca al sol.
“¿Has visto a esos niños mojones que vienen y te quitan la vida por un gramo de felicidad anestesiada?
Experimente el arte del buen comer en esta ciudad. Conocí tipos en que la suerte estaba esparcida en toda su calidad de vida, hasta cuando mataban nadie los veía y los castigaba.
Una vez mi madre me pregunto que era lo que me entristecía y le comente que mis lágrimas se escapan cuando veo algunos humanos ser fáciles de dominar. Como los terneros, como los caballos.
Ellos van con su dulce carro repartiendo bronca y dolor”
Unos minutos de silencio enumeraron varios pensamientos en mí.
El anciano siguió...
“Mi padre me enseño a ser hijo y la vida me enseño lo que seguía. Es inevitable, niño, no tener los genes de tus ancestros. Vienen con vos y quedan para siempre. En tus actos, maniobras y movimientos.
Pero esos tipos mojones van mendigando bronca y resignación de años atrás. Los fracasos personales y de terceros. La mediocridad del buen trato y los engaños de un sistema.
Dime: ¿Por qué pelean los animales amigo?
Por comida y por territorio.
¿Por qué pelean los humanos?
Por molestias, por ideas, por pasados, por colores, por poderes y revoluciones.
Un mago de la india me enseño que al fin y al cabo toda revolución es una dictadura.
Estos humanos destrozaron mi casa, se llevaron a mi mujer y quemaron mi ropa. Pero yo no tendré venganza por ellos. La misma naturaleza los eliminará en su debido tiempo. El mismo orgullo hará que se eliminen entre ellos.
Me toco esta suerte y la defenderé hasta el final”
Tomó un trago, se vistió y se fue por más enseñanza. Volverá cuando el sahumerio se prenda y la vela se encienda.
Como esta mañana gris, hermosa y sabia, la cual nos anticipa que la noche será idéntica a la felicidad.
Veo gorriones comer migas de pan en las plazas sucias y concretas, encerradas en rejas, donde los niños parecen estar presos por querer ser felices.
La arena mojada y las manos agarradas al frió metal.
Su pelo blanco, una gorra de marinero viejo y un gamulan de los años 20. Su olor a vejez y orín seco de días atrás, resaltando una mirada ya equilibrada de tanto vivir.
“¿Te conté la historia de Geetaa?”
Me preguntó confundido.
Si.Ya me has contado tu amor indio y otoño feliz.
“Es cierto joven, ese humo del que te conté me hizo perder la memoria. Hace unos días pase por la despensa a buscar un poco de líquido amarillo, el cual relaja mi garganta. El escocés es dulce y digestivo. Tengo importantes cosas que enseñarte.”
El cielo se abrió y el sol nos dio la bienvenida.
El anciano escurre su ropa mojada y se seca al sol.
“¿Has visto a esos niños mojones que vienen y te quitan la vida por un gramo de felicidad anestesiada?
Experimente el arte del buen comer en esta ciudad. Conocí tipos en que la suerte estaba esparcida en toda su calidad de vida, hasta cuando mataban nadie los veía y los castigaba.
Una vez mi madre me pregunto que era lo que me entristecía y le comente que mis lágrimas se escapan cuando veo algunos humanos ser fáciles de dominar. Como los terneros, como los caballos.
Ellos van con su dulce carro repartiendo bronca y dolor”
Unos minutos de silencio enumeraron varios pensamientos en mí.
El anciano siguió...
“Mi padre me enseño a ser hijo y la vida me enseño lo que seguía. Es inevitable, niño, no tener los genes de tus ancestros. Vienen con vos y quedan para siempre. En tus actos, maniobras y movimientos.
Pero esos tipos mojones van mendigando bronca y resignación de años atrás. Los fracasos personales y de terceros. La mediocridad del buen trato y los engaños de un sistema.
Dime: ¿Por qué pelean los animales amigo?
Por comida y por territorio.
¿Por qué pelean los humanos?
Por molestias, por ideas, por pasados, por colores, por poderes y revoluciones.
Un mago de la india me enseño que al fin y al cabo toda revolución es una dictadura.
Estos humanos destrozaron mi casa, se llevaron a mi mujer y quemaron mi ropa. Pero yo no tendré venganza por ellos. La misma naturaleza los eliminará en su debido tiempo. El mismo orgullo hará que se eliminen entre ellos.
Me toco esta suerte y la defenderé hasta el final”
Tomó un trago, se vistió y se fue por más enseñanza. Volverá cuando el sahumerio se prenda y la vela se encienda.
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