
Una de esas noches confusas entre lo rosa y lo azul. Estrellas tapadas por una sabana de nubes.
La energía vibra en mi cuerpo.
Inciensos hindúes y música étnica que desarrolla esa leve respiración. Un momento de tranquilidad. Espacio y orden.
Un viento se esparce entre la habitación.
Me conmueve la llegada de él.
“He visto elefantes en la india y cuerpos débiles bañarse en el rió sagrado, ellos van acorde a su misticismo, cuidan a los animales y los hacen sus amigos. En la india la tierra es barro. Barro que limpió mis cayos y curó mis varices.
Las mujeres son como Ángeles solitarios en busca de una buena razón hacia el hombre.
Fue ahí donde conocí a Geetaa. Una mujer de tez marrón y piel suave. Dientes blancos y pelo negro como el dolor. Piernas largas como un desierto y un amor con ganas de amar”
Solo un segundo hermano, serviré este vino… y sonreí.
“El vino y el placer son aliados, gemelos como mi boca y este puro.
Geetaa sabía amar. Con mis 68 años recordé a mi amada. Recordé a mis amigos. Recordé aquel lugar donde aprendí a ser hombre y recorte mentiras de la muchedumbre. Donde entendí el ideal y salí a reírme un poco. Geetaa realmente sabía amar.
Amar de verdad es como el peor error logrado, no te lo olvidas más.
Tenía una cama con telas rojas, mucho humo por conocer y buenas alucinaciones por interpretar. Miradas de todo tipo y caricias tántricas.
El humo se hacia cuerpo y era una persona mas entre nosotros. Mi ser arrugado y su alma joven unieron los extremos.
Con su esencia, aprendí a tratar a una mujer, conocer sus placeres y sus pequeños y silenciosos lugares donde la electricidad es normal.
Quizás fue una alucinación haber hecho el amor.
Si conocieras el humo…”
Sus ojos iluminaron la habitación. Salió corriendo su alma y su cuerpo duro quedó.
Como si estuviese presente en esa anécdota contada, el humo fue lentamente siendo parte de mí. Y un cansancio repentino fue acariciando mi mente. Mente quieta, cuerpo en descanso.
El anciano como meditación recorrerá esta noche cada espacio corporal.
A los sueños iremos y despertaremos en el oasis. Canalizaremos la alegría y abrazaremos a nuestros queridos hermanos.
El humo y la música.
El vino y el placer.
La energía vibra en mi cuerpo.
Inciensos hindúes y música étnica que desarrolla esa leve respiración. Un momento de tranquilidad. Espacio y orden.
Un viento se esparce entre la habitación.
Me conmueve la llegada de él.
“He visto elefantes en la india y cuerpos débiles bañarse en el rió sagrado, ellos van acorde a su misticismo, cuidan a los animales y los hacen sus amigos. En la india la tierra es barro. Barro que limpió mis cayos y curó mis varices.
Las mujeres son como Ángeles solitarios en busca de una buena razón hacia el hombre.
Fue ahí donde conocí a Geetaa. Una mujer de tez marrón y piel suave. Dientes blancos y pelo negro como el dolor. Piernas largas como un desierto y un amor con ganas de amar”
Solo un segundo hermano, serviré este vino… y sonreí.
“El vino y el placer son aliados, gemelos como mi boca y este puro.
Geetaa sabía amar. Con mis 68 años recordé a mi amada. Recordé a mis amigos. Recordé aquel lugar donde aprendí a ser hombre y recorte mentiras de la muchedumbre. Donde entendí el ideal y salí a reírme un poco. Geetaa realmente sabía amar.
Amar de verdad es como el peor error logrado, no te lo olvidas más.
Tenía una cama con telas rojas, mucho humo por conocer y buenas alucinaciones por interpretar. Miradas de todo tipo y caricias tántricas.
El humo se hacia cuerpo y era una persona mas entre nosotros. Mi ser arrugado y su alma joven unieron los extremos.
Con su esencia, aprendí a tratar a una mujer, conocer sus placeres y sus pequeños y silenciosos lugares donde la electricidad es normal.
Quizás fue una alucinación haber hecho el amor.
Si conocieras el humo…”
Sus ojos iluminaron la habitación. Salió corriendo su alma y su cuerpo duro quedó.
Como si estuviese presente en esa anécdota contada, el humo fue lentamente siendo parte de mí. Y un cansancio repentino fue acariciando mi mente. Mente quieta, cuerpo en descanso.
El anciano como meditación recorrerá esta noche cada espacio corporal.
A los sueños iremos y despertaremos en el oasis. Canalizaremos la alegría y abrazaremos a nuestros queridos hermanos.
El humo y la música.
El vino y el placer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario